El viaje: conexión

Hace ya más de un año me embarqué en la aventura de empezar el Máster de Formación de Profesores y escribí una primera entrada reflexionando sobre lo que esperaba aprender y todo el trabajo que debería hacer para ello. Es increíble pensar que esto ya ha llegado a su fin y toca reflexionar sobre todo el camino.

Cuando comencé a escribir esa primera entrada comparé el máster con un viaje. Aquella primera entrada reflejaba los nervios que uno tiene el día antes u horas antes de viajar, pero son ese tipo de nervios que te gustaría sentir una y otra vez porque sabes que van a pasar cosas maravillosas. Pensaba que esa comparativa era la perfecta: el comienzo del máster era el aeropuerto y el final del máster sería el destino. No obstante, aquí sentada me he parado a pensar que en esta profesión no hay un destino final, sino que estamos constantemente en vuelos o destinos de conexión.

Este final del máster y, sobre todo, la realización de mi TFM me han enseñado que en esta profesión nunca se para de aprender. Es un viaje constante del que nunca te cansas, es ese vuelo que coges para coger otro y otro y estar cada vez más cerca de tu objetivo. Supongo que es la magia de ser profesor, que siempre aprendes “con” y “de” otros, como dice el gran Iñaki Murua.

Gracias a la realización de este TFM he aprendido tantas cosas y he sido tan feliz realizándolo que no se pueden expresar con palabras. En algunos momentos el vuelo ha tenido turbulencias, pero nunca se han ido esas ganas de seguir en el camino. Mi TFM me ha aportado, sobre todo, tres lecciones fundamentales:

  • Para aprender es necesario escuchar, leer y reflexionar.
  • Las cosas no salen siempre como uno quiere.
  • El trabajo duro al final sí acaba dando su recompensa.

He tenido la gran suerte de contar con personas increíbles para la realización de mi TFM, como Hans de Four, Anna Comas-Quinn o Iñaki Murua, a los que siempre les estaré agradecida por haberme ofrecido su tiempo y sus ganas. Pero en este camino, sobre todo, ha sido un placer compartir asiento con mi tutor Joan-Tomàs Pujolà, a quien le debo millones de gracias por ser, estar e ilusionar. Sin él y sin su conocimiento nada habría sido posible. Aún guardo (y guardaré) todos los garabatos, dibujos y anotaciones de las reuniones sobre el TFM.

Otra de las cosas que he aprendido sobre la realización de este trabajo final es la de que las cosas nunca salen como uno quiere. Yo, que soy una maniática del orden, me he dado cuenta que eso no implica que esté bien o mal, sino que es otro camino diferente. La vida, y sobre todo este trabajo, son así. Es fascinante pensar que en muchas ocasiones cogeré vuelos de conexión sin saber dónde acabará el camino.

Finalmente, el trabajo duro acaba dando su recompensa. La de veces que me he repetido esto durante el máster o durante toda mi vida, pero creo que nunca me había quedado tan claro hasta que tuve que exponer mi defensa. El orgullo de todo el trabajo que había realizado en tan poco tiempo (crear una app, diseñarla, pilotarla…) hizo que estuviera tranquila y segura delante de un jurado al que admiraba (y admiro) tanto.

Una vez finalizada esta etapa (o este vuelo de larga duración, si seguimos la comparativa), tan solo me queda expresar gratitud a todos aquellos profesores del máster que me han inspirado día a día con sus palabras y sus ideas. Asimismo, a todos mis compañeros por su incondicional apoyo y amor. Espero poder compartir otro vuelo con todos vosotros. De momento, sigo en el aeropuerto buscando mi próximo vuelo.

 

 

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