La evaluación en el aula de ELE

La evaluación siempre ha creado en mí sentimientos enfrentados. Si bien como alumna era una cosa que me daba pavor pues en la época de adolescente siempre se está bajo la sombra de una cifra numérica, como profesora he podido tener otro punto de vista totalmente diferente: la evaluación ayuda al alumno.

 Para poder explicar mi punto de vista con más claridad, daré respuesta a dos preguntas:

¿Qué visión tenía de la evaluación antes de comenzar la asignatura?

Como bien he dicho con anterioridad, la evaluación me creaba sentimientos encontrados. Por un lado, y bajo la experiencia de estudiante, la evaluación que he tenido en la mayor parte de mi instrucción ha sido sumativa o, según Kohonen (2000), evaluación del producto. Durante toda primaria, secundaria y época universitaria se nos evalúa y se nos marca con una cifra numérica. No conocía otro tipo de evaluación hasta que llegué a la universidad. Ahí, pude ver en dos asignaturas (italiano y portugués) otro tipo de obtención de calificaciones: la evaluación formativa. En esas dos asignaturas los alumnos éramos los protagonistas, aportábamos materiales y se fomentaba la auto-evaluación así como la co-evaluación. Desde entonces empecé a ver la evaluación de otra manera muy distinto: la evaluación me ayuda a mejorar.

Después de unos cuantos años de experiencia como profesora de inglés, he llegado a entender que ésta no es tan solo una herramienta, sino una pieza clave para todo aprendizaje. Como profesora siempre intento que el alumno aporte su propio material en una plataforma, comente en un foro y aporte información que ayude a sus compañeros.

¿Cómo contrasta con la realidad de la evaluación?

Esta asignatura me ha hecho reflexionar sobre qué tipo de profesora quiero ser y qué evaluación quiero llevar a mi clase. En primer lugar, quiero transmitir tres preguntas clave que sugiere Shepard (2006):

  • ¿A dónde voy?
  • ¿Dónde estás ahora?
  • ¿Cómo puedes llegar ahí?

Estas son preguntas esenciales para que el alumno pueda mejorar en su camino hacia la adquisición de una lengua extranjera. Cuanto más conciencia tenga de dónde está, dónde quiere ir y cómo puede hacerlo, mayor auto-evaluación habrá y más involucrado estará.

A pesar de que la evaluación formativa suponga una gran carga de trabajo, creo firmemente que es una gran ayuda para nuestro alumnado y, ¿para qué enseñamos sino? Creo que el objetivo de todo docente es que su alumno no solo aprenda, sino que vea la utilidad en todo lo que le enseñamos.

Por último, me gustaría destacar que si bien es cierto que hay evidencias de que la evaluación sumativa hace que los alumnos estudien más si tienen pruebas para evaluarles (Shepard, 2006), ésta debería estar en consonancia con una evaluación formativa. Con ello, encontraremos el equilibrio para alcanzar nuestro fin como profesores: hacer que el alumno llegue a las metas que se ha propuesto.

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